¿Por qué los perros se ponen contentos de vernos?

Los perros se ponen contentos siempre que ven a sus dueños regresar a casa: ¿alguna vez te has preguntado por qué ese comportamiento entusiasta y batir de cola se repiten independientemente de la duración de tu ausencia? Como nos explica la Dra Maria Grazia Calore, cirujana veterinaria y experta en comportamiento animal, estas reacción está profundamente enraizada en la naturaleza del mejor amigo del hombre.

El perro: el animal social por excelencia

El perro es un animal social: necesita vivir en grupo y no le gusta la soledad. Más que eso, el perro tiene predisposición a interpretar las emociones y el lenguaje humano, comunicarse y adaptar su actitud según el tipo de mensaje recibido. Para un perro psicológicamente sano, la separación del grupo comporta un estrés ligero, que es capaz de tolerar bien si ésta es seguida por la correspondiente rutina que le infunde seguridad. Nuestra mascota se acostumbra a vernos marchar a ciertas horas y volver después de determinado período de tiempo. Su confianza se sostiene sobre la base de una especie de “mapa cognitivo” de nuestros horarios, construido a partir de señales sutiles emitidas por nosotros: la visita del cartero, el sonido del timbre, el ruido de las pisadas de la gente que vuelve a casa al mediodía, el motor de nuestro coche o motocicleta… estímulos todos que pueden “activarlo” incluso antes de nuestra llegada, y recibirnos con esa imagen de perro siempre feliz.

La reunificación con el dueño

Para el perro la reunificación con uno o más miembros de la manada es un momento de alegría esencial, en el que expresa una parte trascendente de su naturaleza: la de compartir espacio y relacionarse. Muchas veces incluso nuestra sencilla actitud puede hacer a los perros felices: un saludo, un abrazo, unas palabras susurradas. De esa manera podemos darle el llamado “reforzamiento social” a su festiva bienvenida, tan importante como el observado al darle la comida, y que repercutirá de forma rotunda en su comportamiento.

Esta actitud podemos encontrarla ya en los cachorros que se muestran felices por ver a su madre, su punto principal de referencia, y fuente fundamental de comida y protección. Cuando nosotros, como dueños, reemplazamos esa figura, reforzamos esa actitud.

Normalmente el perro tolera bien los períodos cortos de soledad: los usa para relajarse y dormir. Si este tiempo se extiende o tiene experiencias desagradables durante el mismo, entonces el cánido puede caer en la llamada “ansiedad de separación”.

Muchas veces pensamos que los perros no tienen una idea clara del paso del tiempo y que ellos no “entienden” si hemos estado fuera una hora o un día.

Pero de hecho ellos tienen múltiples referencias del ambiente, los cuales les permiten saber más o menos cuánto tiempo ha pasado desde nuestra partida. Que nuestras acciones sean rutinarias y repetitivas es un elemento que suele ayudar mucho a superar la angustia de la separación y volverlos a tener como mascotas felices a las que nos alegra ver cada día.