Paseando al perro en la nieve

Recuerdo con agrado cuando iba a esquiar con Tabata, en la época de las vacaciones de Navidad. Pasaba mis mañanas de asueto entre pistas de esquí y largos paseos con el perro en la nieve. Cuando decidamos, y esa es una buena decisión, llevar con nosotros a nuestros perros a la nieve, tenemos que recordar algunas precauciones importantes. De la misma manera que preparamos nuestras ropas para enfrentar una bajada de temperatura, también el perro necesita de un equipamiento adecuado a dichas condiciones. Hay 3 cosas que no debemos olvidar…

1. ¡Protege sus dedos!

En aquella época todavía solía usar remedios caseros con Tabata, que en muchos casos resultaron útiles. Pero hoy, afortunadamente, hay productos muy específicos de gran calidad y hechos con nuevas tecnologías de materiales. Tenemos que recordar que el perro suda a través de las almohadillas de sus dedos, y que al entrar en contacto con la nieve el sudor, ésta parte puede congelarse, inmovilizando los dedos o incluso la pata entera; en caso de congelación de los tejidos, esto puede llevar a practicar una amputación. Durante muchos años usé una vaselina muy espesa (como la que usan los tatuadores) y cubría los dedos de la perra, evitando así que se helara esta parte de su cuerpo tan sensible.

Aunque esta medida soluciona el problema del contacto con la nieve, el roce con el hielo, cortante como una cuchilla, continúa siendo un problema. Esto le causaba a Tabata una sensación similar a una quemadura. Además, muy frecuentemente en invierno las aceras son espolvoreadas con sal industrial, que no sólo quema, sino también forma pequeños cristales que se convierten en muy molestos si se atascan entre los dedos. Navegando en internet, he descubierto unas cuantas compañías que producen no sólo accesorios como correas, arneses y bozales, sino también calzado para perros.

Los criterios para escoger calzado para nuestros perros son muy similares a aquellos por los que nos guiamos para escogerlo para humanos. Primero que todo, hay que empezar por considerar el tamaño: un calzado apretado dolerá, uno demasiado holgado tampoco es cómodo. Después de adquirirlo, tendrás que acostumbrar al perro de forma gradual a usarlo: alternando entre el momento de vestirse y el paseo mismo. Al principio, los movimientos de nuestro amigo serán torpes, pero con el paso del tiempo se moverá más suave y armoniosamente.

2. ¡Abriguémoslo!

A veces vemos perros pobremente abrigados. Ponerle cuernos de reno a un perro en la nieve o disfrazarlo igual que el dueño, son cosas que nada tienen que ver con el espíritu de Navidad. Cada uno es libre de vestirse como quiere, pero no hay por qué forzar al perro a acompañarnos en nuestro afán de destacar. Para un perro en la nieve, el abrigo es fundamental. Los criterios para valorar un buen abrigo son pocos, pero deben ser seguidos al pie de la letra.

Ante todo, la talla debe ser siempre la adecuada. Si es demasiado tensa, el perro apenas podrá moverse con comodidad; puede mostrar su malestar comenzando a rascarse y a frotarse contra las paredes incesantemente. Un abrigo demasiado grande, sin embargo, permitirá que circule aire en su interior, y por tanto, no le proporcionará el calor necesario.

El material de fabricación no debe ser sintético, y mucho menos, de plástico pulido, de lo contrario crearía una capa de humedad que se estancaría entre el abrigo y el perro, creando malestar. Existen productos comerciales muy recomendables que aíslan de la nieve exterior, pero que al mismo tiempo le permiten al cuerpo respirar. Su precio puede resultar superior al de otros abrigos, pero ofrecen una garantía de comodidad total.

3. El pelaje

Otra regla de oro a seguir para cuidar a nuestro perro en la nieve consiste en no cepillarlo. El pelaje, de hecho, es su primera protección contra todo tipo de agentes exteriores. Cuando hace frío los pequeños cristales de hielo no deben ser arrancados, sino que deben disolverse pacientemente, con la ayuda de un secador de pelo o por sí solos, después del paseo, antes de que les cepillemos.

Recordemos que informarnos acerca de las características físicas de la raza de nuestro perro es una señal de interés y cariño. Si es la primera vez que nuestro amigo de cuatro patas ve la nieve, no sería raro que su comportamiento fuera extraño y caprichoso. Pueden intentar comerla, revolcarse en ella, saltar sobre ella como un saltamontes, escarbar y esconderse, pararse y negarse a seguir caminando: todas estas pueden ser reacciones normales a una nueva experiencia para compartir.

Y juntos llevaréis a casa un bonito recuerdo.

El autor de este artículo es Luca Scanavacca, entrenador de perros.

Luca Scanavacca, Entrenador Canino
Fundador de la
Asociación “Semplicemente Sordo” (Sencillamente Sordo)
Autor del libro “ Sencillamente Sordo

visita il sito web di Luca Scanavacca associazione semplicemente sordo