Los perros que detectan el cáncer

Los perros que detectan el cáncer están ya en actividad, con el apoyo del Servicio Nacional de Salud. Esto es una realidad en el Reino Unido, donde la organización Perros para la Detección de Enfermedades recientemente ha promovido un reconocimiento oficial al uso de perros entrenados para la detección de enfermedades por medio del olfato. De modo que, no sólo los perros pastores ayudarán a los granjeros a apacentar el ganado, y los perros de búsqueda y salvamento a los equipos de rescate, sino que ahora “el mejor amigo del hombre” será también un valioso colaborador para los profesionales de la salud.

El poder del olfato canino

Los Estados Unidos y el Reino Unido fueron los pioneros en usar perros que detectan el cáncer a través del trabajo de fundaciones que entrenaban canes con este fin. Ahora esta tendencia también está apareciendo en otros países de Europa. Por ejemplo, la Universidad de Helsinski ha lanzado el proyecto “Hocico Experto”, que cuenta con 12 perros en proceso de entrenamiento; también desde hace unos años en Italia, el centro médico para investigación “Humanitas”, en colaboración con las unidades cinológicas del ejercito italiano, ha estado sometiendo a pruebas a perros que ayudan a diagnosticar enfermedades.

El aparato olfativo de los perros tiene un número de receptores que equivale a 10 veces el de los humanos. Gracias a su particular sensibilidad el perro, aunque no localiza  el cáncer, es capaz de reconocer anomalías en los olores de tejidos y secreciones humanas que son indicadores de que hay un problema de salud gestándose. Hace apenas unos meses alcanzó fama Frankie, un perro de rescate devenido “asistente de investigación” en la Universidad de Arkansas. En pruebas realizadas sobre la capacidad de detección del cáncer de tiroides en personas que todavía no se les había diagnosticado, Frankie hizo una correcta evaluación en 30 de 34 casos. El perro entrenado para este fin, al ser confrontado con una muestra de orina del paciente, se tumba si percibe algo extraño en la muestra, o por el contrario, se levanta y se marcha si siente que no hay ningún problema. Experimentos similares fueron hechos con el cáncer de próstata, pecho y riñón.

Un punto de partida para nuevos descubrimientos

Habrá a quien le produzca rechazo imaginarse una jauría en medio de la sala de hospital, pero por ese lado no hay nada que temer: nuestros amigos caninos olerán las muestran en lugares separados, donde han sido entrenados. Y, como fue demostrado por Frankie, no hay diferencia alguna entre los perros provenientes de los mejores criaderos y los perros huérfanos recogidos en los refugios para animales: el olfato no tiene pedigree. La gran ambición de todos estos estudios, que también tienen como ventaja la posibilidad de sustituir otros análisis clínicos más invasivos, es determinar con exactitud qué hace que el perro identifique con tanta precisión los tumores cancerígenos. Luego, en el futuro, quizá sea posible idear una “nariz electrónica” que imite a la de los perros que detectan el cáncer. Pero el camino de investigación es aún largo y lleno de aspectos por verificar. La certeza que tenemos, por el momento, es que los perros tienen mucho más potencial de lo que pensamos.

Foto: The Guardian