Los gatos se esconden: ¿juego o estrés?

Los gatos se esconden en lugares inaccesibles, apropiados para camuflarse o para atacar a la manera de los felinos. Hemos enumerado los 10 lugares en los que se escondería un gato con mayor probabilidad, pero ¿cuáles son sus motivos para hacerlo? La Dra Maria Grazia Calore, cirujana veterinaria y experta en conducta animal, nos explica las razones por las cuales nuestros amigos felinos tienen este carácter tan peculiar que les ha dado la reputación de animales mágicos y misteriosos.

¿Por qué los gatos se esconden?

Los felinos sienten una necesidad instintiva muy fuerte de esconderse, ya sea para aislarse del resto del mundo, para relajarse, o como parte de sus maniobras de control del territorio. El lugar elegido por los gatos para aislarse suele ser alto, seguro, inexpugnable, y posiblemente con vista hacia afuera o al menos dominando la habitación: una especie de castillo emplazado en la cumbre.

Los gatos, a pesar de ser predadores, no tienen un tamaño tan grande como para librarse ellos mismos de poder ser una presa ocasionalmente, por esta razón necesitan sentirse seguros cuando descansan, y buscan lugares poco accesibles.

Es bueno que encuentren lugares para esconderse en la casa. De este modo los dueños mejoran su calidad de vida y le ayudan a sentirse bien en su hogar.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Si un gato se esconde para dormir pero también pasa tiempo compartiendo con otros gatos, jugando, explorando objetos y rincones, marcando personas o cosas, entonces no hay nada de qué preocuparse. Por el contrario, si pasa demasiado tiempo escondido, sólo sale de su escondrijo cuando no hay nadie en casa, muestra otras señales de disgusto, como hacer sus necesidades fuera de su caja, descuida el cuidado de su higiene, o no le presta atención a sus juguetes habituales, es posible que el gato tenga algún problema. Podría ser algún tipo de inquietud causada por la artrosis, si nuestro gato es longevo, o podría ser un conflicto que lleva al gato a un estado de ansiedad y lo empuja a redefinir sus fronteras y su territorio en busca de la seguridad perdida. En ambos casos debemos consultar al veterinario y optar por una terapia conductual basada en sus necesidades individuales.

¿Jugar al escondite? Mejor no

Mejor no provocar a nuestro gato, ni filmar esta aventura: lo único que lograremos será transmitirle el mensaje de que somos una presa potencial, y eso hará que nos arañe y nos muerda cuando no estamos jugando con él. Por esa misma razón no debemos tenderle trampas ni emboscadas para asustarlo que pongan en tela de juicio la relación de confianza necesaria entre un gato y su dueño. El lenguaje corporal (en este caso: pupilas dilatadas, orejas apretadas contra la cabeza, movimientos de la cola bruscos y sincopados, el pelaje erizado) lo dice claramente: el gato no se está divirtiendo.