El lobo y la manada

Cuando se llega a entender cómo funciona una manada de lobos internamente, la idea de que el hombre es el único animal capaz de vivir en una estructura social perfectamente definida se vuelve un tanto pretenciosa. Si conseguimos librarnos de las connotaciones de “caterva peligrosa” que lleva consigo la palabra “manada”, podremos ver que, en realidad, la manada es un conjunto de individuos unidos en favor de la protección de cada uno de ellos. Cada lobo acepta su posición individual en la manada, del mismo modo que lo hacen los miembros de una familia.

Estructura y liderato en la manada

Una manada de lobos se compone usualmente los siguientes elementos: 1) una pareja alfa o dominante, 2) una pareja beta, que además de ocupar el segundo lugar en cuanto a importancia, serán con toda probabilidad los sustitutos de la pareja alfa, 3) los individuos de mediano rango y 4) los individuos de más bajo rango, también llamados omega. La pareja alfa dirige todo el grupo, mientras que la pareja beta está al mando de los lobos de mediano rango. Los demás adultos se encargan de dirigir alos demás miembros de la manada en los rangos medianos e inferiores. Ambos extremos de la jerarquía de la manada, salvo en casos de heridas por accidente o muerte, tienden a permanecer invariables; en cambio, los grados intermedios están sujetos a los frecuentes cambios del equilibrio social. Mientras no alcancen la edad de su madurez sexual, los cachorros de lobo permanecen fuera de este complejo sistema jerárquico. A las hembras les toca el papel de subalternas con respecto a los machos de la misma jerarquía.

Tal y como le cuadra a un líder, el lobo dominante demuestra una pose y una actitud correspondientes con su status – cuerpo erguido, cabeza y cola levantadas, orejas erectas. El animal alfa también exige importantes privilegios – tales como el derecho a devorar la presa antes que los otros miembros de la manada. El resto de lobos, menos dominantes, tendrán una actitud sumisa hacia el animal alfa: lamer el hocico del líder, encoger sus cuerpos y colocar sus cabezas, colas y oídos más bajos que los miembros superiores. La existencia del lobo omega, en cambio, es mucho más dura. Su papel consiste en actuar como “aglutinador social”, ofreciendo una presa fácil en los violentos momentos de juego, y calmando a otros individuos superiores en jerarquía en momentos de conflicto. El lobo omega a menudo juega el papel de “oveja negra”, siendo tratado por el resto de la manada con bastante poca consideración. Los lobos omegas usualmente son los últimos en orden a la hora de comer.

El mito del lobo solitario

A menudo se originan conflictos entre los diferentes rangos, y puede ocurrir que a veces algún lobo sea expulsado de la manada y viva de acuerdo con sus propias reglas, convirtiéndose en lo que suele llamarse “un lobo solitario”. Sin embargo, como ya nos dice el refrán, “en la unión está la fuerza”, aunque los lobos pueden cazar solos (y a veces lo hacen), la caza es mucho más exitosa cuando se lleva a cabo en equipo, y la manada actúa como movida por una sola inteligencia con el objetivo de derribar su presa. La manada es también esencial para darle significado a la existencia de los animales. Como mismo sucede con la familia, la manada de lobos es una unidad social, y es la falta de ese sentimiento de pertenencia a un grupo y el correspondiente apoyo social, lo que el lobo solitario se ve obligado a soportar. Es decir, su vida solitaria no tiene el encanto con la que nos la solemos imaginar. Es una existencia dura y solitaria, en constante lucha por la supervivencia.

La imagen de lobos cazando en manada puede evocar sentimientos de miedo y ansiedad. Sin embargo, es precisamente este acto de colaboración – un trabajo en conjunto con la autopreservación como objetivo -, la complejidad de sus relaciones sociales, y el uso del lenguaje corporal para transmitir las reglas de la manada, lo que nos hace detenernos y reflexionar acerca de la magnitud de la inteligencia y la profundidad de las emociones en estos animales.