Dueños y mascotas

Dueños y mascotas están imbricados en una relación bastante diferente a la que se establece entre humanos. La Dra Maria Grazia Calore, doctora veterinaria y experta en comportamiento animal, identificó 5 elementos clave de esta relación, que son útiles no sólo para entender la naturaleza de los perros y gatos, sino también para interactuar con ellos de la manera más oportuna posible.

1. Afinidades electivas

Nuestras mascotas nos perciben de una manera muy especial, ellas captan ciertas informaciones “secretas” sobre nuestros estados anímicos que les facilitan las feromonas que emitimos a través de la piel. Gracias a estos mensajes químicos, nuestros amigos de cuatro patas sabrán qué es lo mejor en ese momento: acercársenos o mantenerse alejados.

2. ¿Modelo social o acompañante?

Cuando llega a un hogar, el perro empezará espontáneamente a relacionarse con cada miembro de la familia-manada, creando diferentes tipos de lazos y relaciones en función de un “rol” establecido a través de su punto de vista.

En cambio, para el gato, la relación establecida con el humano es similar a una amistad: él nos considerará como sus iguales en todos los sentidos.

3. No sólo comida

Es un error creer que los gatos y los perros establecen vínculos estrechos únicamente con aquellos que los proveen de comida. De hecho, para el perro, tiene una importancia equivalente el estímulo de carácter social: la satisfacción que proviene de hacer algo junto con su dueño en pos de un objetivo común, el apoyo moral que brinda cualquier señal de aprobación, algunas veces vale más que mil bocados sabrosos.

Tampoco es cierto, como creen muchos, que para el gato seamos una especie de máquina automática expendedora de croquetas. De hecho, el minino a veces nos cree tan ineptos para cazar  nuestro alimento, que nos hace los honores brindándonos una presa cazada por él mismo para que aprendamos a hacerlo correctamente.

4. La importancia de llamarse Ernesto

Como en la novela de Oscar Wilde, debemos ser muy cuidadosos con no provocar malentendidos. Por ejemplo, cuando le pedimos al perro que se acerque no tenemos que adoptar una postura amenazadora -como inclinarnos hacia adelante- o usar un tono de voz enfadado o demasiado alto. Tanto la postura como el tono de voz son señales que le indican al perro que somos un peligro. ¡Y mientras que con palabras les pedimos que se acerquen al peligro!

De la misma manera, moverse demasiado rápido en la presencia de un gato o esconder manos o pies debajo de una manta pueden hacer que nos identifiquen como una presa. Reaccionar con demasiada brusquedad a un comportamiento totalmente normal, en el marco de referencias de los instintos del predador, puede acabar afectando nuestra amistad.

5. Un problema de…

Respeto, entendimiento, deseo de comunicarse. Estos son tres elementos que, en consonancia con el aspecto afectivo, aseguran que la relación con nuestro amigo de cuatro patas funcione.

Respeto significa satisfacer las necesidades conductuales de su especie: debemos posibilitar que los perros socializen, que exploren el ambiente, olisquéen, marquen el terreno. En el caso del gato, no forzar su convivencia con otros animales, permitir que tengan áreas de juego y relajación.

– El entendimiento consiste en intentar entender que los animales tienen emociones, estados de ánimo y arranques, igual que los tenemos nosotros. Y que muchas veces aquellos son característicos de cada especie.

– El deseo de comunicación significa esforzarnos por entender su lenguaje, informarnos, leer libros sobre estos temas, dejar a un lado nuestros prejuicios. Y también adaptar nuestro lenguaje al de ellos, no limitándonos a usar las palabras para comunicarnos, sino acompañarlas con gestos y ademanes claros y coherentes.