Aslan y Rose, escapando de la guerra

Aslan y Rose son una pareja formada por un dueño y su perro, a primera vista similar a tantas otras. Un chico sonriente y un inquieto husky que fueron filmados a lo largo de un extenso recorrido, mientras comparten los mismos momentos cotidianos que podemos observar en cualquier relación entre una mascota y su dueño. Lo que ellos están viviendo, sin embargo, hace una diferencia sustancial: escapan de un país en guerra para empezar desde cero en otro.

Aslan y Rose: la historia

En el contexto de una gran emergencia humanitaria, hemos podido escuchar muchas historias que le pusieron rostro y cuerpo a la gente obligada a sufrir un éxodo para poder salvar sus vidas. Fotógrafos, reporteros y realizadores audiovisuales han sido testigos, y la web y las redes sociales han servido de amplificadores para la trasmisión de sus mensajes. Uno de estos casos fue la historia de Aslan y Rose, protagonistas de un vídeo publicado por la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas. Una entrevista de poco más de un minuto de duración, y que sin embargo es capaz de resumir el difícil viaje desde Damasco hasta la isla griega de Lesbos. Dificultades que serían capaces de desanimar a cualquier adulto, no lo son de desalentar a este adolescente, que nunca ha pensado en abandonar a la pequeña Rose: “Amo a este perro, lo necesito, caminó 500 km al lado mío”.

Perro y dueño juntos, a pesar de todo

Para Aslan, cualquier otro bien es secundario en comparación con su amigo de cuatro patas, que tiene su propio pasaporte, su caja, y comida suficiente para este largo e impredecible viaje. Todas estas razones hacen capitular a los escépticos frente a la obstinación de Aslan, quien explica su proceder en una sola frase: “porque quiero a mi perro”. Palabras sencillas, pero con un gran peso si tenemos en cuenta quién las dice. Algo que nos obliga a reflexionar cuando valoramos las estadísticas que reflejan cómo el abandono de mascotas crece enormemente según se acercan las épocas de vacaciones. El caso de Aslan, pero también el de otros refugiados que cruzaron el mar con sus mascotas, nos enseñan algo que es posible, y que para nuestro amigo de cuatro patas se sobreentiende: la elección de compartir la vida con una mascota es una responsabilidad que implica afecto, cuidado y lealtad.